domingo, 31 de agosto de 2008

Hombre I

Del primero me enamoré a los 17 años, ya sé que pensaréis que es un poco tarde, pero siempre fui un poco pavisosa para estas cosas.

En fin, ya todo empezó patas arriba, me dió mi primer beso en los labios en un trigal, sentada en su regazo. Bonita imagen.
Después de eso estuve tres días esperando su llamada, feliz como lo inocente que era. Pero claro está que no llegó.

Un año estuve penando por los pasillos del colegio, sin que me hiciera ningún caso...

Y llegó el viaje de fin de curso, y ya sabéis, se despiertan las pasiones... volvió a tontear conmigo, y empezamos a salir juntos.

Pero claro, mi primera experiencia fue, que uno no para hasta consguir lo que quiere y cuando lo tiene...pues no le queda otra que aburrirse de ello... y lo planté pasado el año.

Un chico estupendo que me quería a rabiar, pero que yo nunca quise.

Mil besos para él!!!!

F.M.

viernes, 16 de mayo de 2008

Un sueño o Un Cuento Americano?

Lyricist: Cynthia Weil
Composers: James Horner and Barry Mann
From: An American Tale





Somewhere out there
Beneath the pale moonlight
Someone's thinking of me
And loving me tonight

Somewhere out there
Someone's saying a prayer
That we'll find one another
In that big somewhere out there

And even though I know
How very far apart we are
It helps to think we might be wishing
On the same bright star

And when the night wind
Starts to sing a lonesome lullaby
It helps to think we're sleeping
Underneath the same big sky

Somewhere out there
If love can see us through
Then we'll be together
Somewhere out there
Out where dreams come true

lunes, 5 de mayo de 2008

¿Cuántos días?

"Buenos días princesa".


Roberto Benigni

sábado, 16 de febrero de 2008

Por fin!!!

Sólo una vez sonreí comiendo, por la comida....hoy volví a hacerlo, estando sola, en la cocina de casa....y el alimento...es de suponer...CHOCOLATE...

Nada da ese placer...

sábado, 15 de diciembre de 2007

LA LUZ ES COMO EL AGUA

(...)Pues habían abierto tantas luces al mismo tiempo que la casa se había rebosado, y todo el cuarto año elemental de la escuela de San Julián el Hospitalario se había ahogado en el piso quinto del número 47 del Paseo de la Castellana. En Madrid de España, una ciudad remota de veranos ardientes y vientos helados, sin mar ni río, y cuyos aborígenes de tierra firme nunca fueron maestros en la ciencia de navegar en la luz.



Adoro a Márquez; nadie expresa mejor lo que uno lleva dentro de los demás....aunque Madrid sí tenga río....

jueves, 13 de diciembre de 2007

LOCOS LINDOS...

Llegó

con su espada de madera

y zapatos de payaso

a comerse la ciudad.

Compró

suerte en Doña Manolita

y al pasar por la Cibeles

quiso sacarla a bailar

un vals

como dos enamorados

y dormirse acurrucados

a la sombra de un león.

"¿Qué tal?

estoy sola y sin marido

gracias por haber venido

a abrigarme el corazón.

"Ayer

a la hora de la cena

descubrieron que faltaba

el interno dieciséis.

Tal vez

disfrazado de enfermero

se escapó de Ciempozuelos

con su capirote de papel.

A su estatua preferida

un anillo de pedida

le robó en El Corte Inglés.

Con él

en el dedo al día siguiente

vi a la novia del agente

que lo vino a detener.

Cayó

como un pájaro del árbol

cuando sus labios del mármol

le obligaron a soltar.

Quedó

un taxista que pasaba

mudo al ver como empezaba

la Cibeles a llorar

y chocó contra el Banco Central.

jueves, 1 de noviembre de 2007

Cien años...



Volvió a comer tierra. La primera vez lo hizo casi por curiosidad, segura de que el mal sabor sería el mejor remedio contra la tentación. Y en efecto no pudo soportar la tierra en la boca. Pero insistió, vencida por el ansia creciente, y poco a poco fue rescatando el apetito ancestral, el gusto por los minerales primarios, la satisfacción sin resquicios del alimento original. Se echaba puñados de tierra en los bolsillos, y los comía a granitos sin ser vista, con un confuso sentimiento de dicha y de rabia, mientras adiestarba a sus amigas en las puntadas más difíciles y conversaba de otros hombres que no merecían el sacrificio de que se comiera por ellos la cal de las paredes. Los puñados de tierra hacían menos remoto y más cierto al único hombre que merecía aquella degradación, como si el suelo que él pisaba con sus finas botas de charol en otro lugar del mundo, le transmitiera a ello el peso y la temperatura de su sangre en un sabor mineral que dejaba un rescoldo áspero en la boca y un sedimento de paz en el corazón(...)